Onirico
Estaba tomando cerveza con un amigo y Lindsay Lohan, saliendo de un boliche temprano a la mañana y nos vino a buscar Miguel Cantilo en una casa rodante celeste clarito.
Fue un sueño, obvio...
lunes, noviembre 23, 2009
miércoles, octubre 14, 2009
martes, julio 21, 2009
domingo, junio 28, 2009
domingo, mayo 31, 2009
Testing, testing...
Primeras impresiones del Féisbuc:
Hasta ahora, es un fotolog con más funciones que te acosa por casilla de correo...
Primeras impresiones del Féisbuc:
Hasta ahora, es un fotolog con más funciones que te acosa por casilla de correo...
lunes, mayo 11, 2009
viernes, mayo 01, 2009
martes, abril 21, 2009
Exceso de comunicación VI
Marco referencial: 17 de Abril, cumplemés de la parejita. Ausencia de saldo en el(los) teléfono(s). Posibilidad utilizar el servicio de mensajería de texto vía internet.
—Hija, Marquito no tiene saldo entonces rezó y me pidió que te dijera FELIZ MES MI AMOR.-
DIOS
— Compañero, Clara tampoco tiene saldo y quiere que le diga TE AMO MUCHO, FELIZ MES.-
PERÓN
Marco referencial: 17 de Abril, cumplemés de la parejita. Ausencia de saldo en el(los) teléfono(s). Posibilidad utilizar el servicio de mensajería de texto vía internet.
—Hija, Marquito no tiene saldo entonces rezó y me pidió que te dijera FELIZ MES MI AMOR.-
DIOS
— Compañero, Clara tampoco tiene saldo y quiere que le diga TE AMO MUCHO, FELIZ MES.-
PERÓN
miércoles, diciembre 31, 2008
El Invasor
Me asomé sigilosamente por la puerta. La casa estaba oscura, no era como los demás días en que recibia regalos, momento en que siempre hay comida y gente y peleas recurrentes de familiares ebrios. No, justamente a esta altura no había nadie. Ni un alma. Ni un maldito ruido delator, que dijera fehacientemente que un conocido (onda, no se... Mamá...) andaba dando vueltas por la casa, buscando un vaso de agua, prendiendo las luces para ir al baño, sacando sonámbulamente la basura en un horario poco usual, algo, alguien, quien fuera conocido y que, por ende, no me hiciera nada.
Los pasos se me hacían difíciles tratando de no hacer ningun ruido, ni con los pies ni con la boca, ni los pulmones ni ningun orificio de mi cuerpo debían delatar mi posición. Y eso, a los siete años era mucho pedir. Mi pecho parecía un reloj despertador, parecía que en cualquier momento saltaría para afuera algún extraño ser que se alojaba en mi torax. Es sensasional como a uno se le aguidizan los sentidos en un momento de stress tan especial como ese. Parecés en estado de alerta "como el gato", tenés ojos que todo lo ven, dedos que todo lo sienten. Cada pliege de la brocha de cal con la cual pintaron la pared que usas de guía para no chocarte nada se siente como un enorme surco de siembra. El más mínimo cambio en la presión de aire se percibe con los pelos de tu brazo, eventualmente saltás ante la terrible seguridad de que tenes a aguien a 30 centímetros, a alguien que te esta por chocar o agarrar, es lo mismo. Pero no, lás gónadas bajan a su lugar habitual porque no tenías a nadie al lado, era simplemente la puerta del baño que, esta vez y como nunca en la reputísima madre vida, estaba cerrada. Suspirás con demasiado alivio, recordas que la cosa venía fulera, que no tenías que hacer ruido ni siquiera respirando aliviado porque nadie se comió tu cerebro. Al mismo tiempo te dejás una notita en la mente: "dejá de ver películas de zombies"
Te parece que la mesa ratona del living no se movía como siempre. Claro, lo normal es que la veas de día, ahora, de noche y encima sin los lentes esos que te hacen ver ligeramente mejor, te parece que el pedazo de algarrobo se menea más de lo normal. Porque, claro, cuando usas lentes todo se mueve. De todas maneras te acercas, continuas a paso firme, casi tan firme como el miedo que te recorre de arriba a abajo la espalda. La firmeza efímera del hueco frío en tu estómago, el mismo que sentís cuando vas al dentista y escuchas el torno girar agudo y despues más grave, señal inequívoca de que chocó contra algo duro. Eso duro que tenés vos adentro de la boca y que va a correr la misma suerte frente al torno, frente a la mesa ratona, frente al Invasor. El Invasor, el que hace ruidos como de estar mascando algo, ese que se empeña en buscar cosas en el living, ese que te despertó con un sudor helado en la frente, en esta noche calurosa de verano que no ameritaba, precisamente, un sudor frío.
Los pliegues de cal de la pared terminaron. Ya no hay estrías de brocha ni tampoco hay pared. A unos metros de la chimenea todas mis esperanzas de que lo que sucedía eran fantasías producto de comer muchos caramelos se derrumbaron como mis calzones. No literalmente, claro. Mis calzones estaban bien sujetos, lo suficiente como para poder salir corriendo lo más pronto posible si el Invasor se percataba de mi presencia. Alcé la linterna como para poder romper el craneo de quien fuera ese que estaba vulnerando mi intimidad, hurgando entre mis cosas, matándome de miedo. Recordé mientras levantaba el pesado tubo metálico repleto hasta el borde de pilas D "tamaña estupidez hubiera sido encenderla ni bien salí de la habitación". Menos mal que la estupidez le muta a uno con los años. A los siete, encender esa linterna hubiera sido mortalmente idiota. A los cuarenta, una estupidez grande sería involucrarte con una persona 25 años menor... Pobre abuelo, ¿por qué lo meto en estas cosas?
Los nervios no daban abasto para contener los sobresaltos. Paso a paso, me acercaba a chocar de la manera más brutal posible la cabeza de este bestia, de este animal, del villano invasor que se me había metido en casa. Si mis papás no se daban cuenta de que había alguien en nuestro hogar, metido adentro, molestando, robando, esperando para hacernos Dios sabe que cosa, no importaba, para eso estaba yo, armado con una linterna a la cual le pondría el peso de mi alma para hacerla lo más efectiva posible.
Sorpresa y terror. Las dos cosas que jamás deberían juntarse se reunieron para partir en pedazos mi corazón. Había alguien más allí. No era unicamente el déspota agachado, buscando seguramente la caja fuerte de mi papá, ignorando que no estaba cerca de la puerta, sino dentro del ropero. Había alguien más, una persona de cabellos largos, una mujer que se encontraba al lado del Invasor. Nunca habría podido verla, la pared tapaba casi por completo su silueta, y la oscuridad no ayudaba en nada. Me vió. Tuve que apurarme, y en un grito descolocado, gutural y sin sentido me abalancé sobre el maldito, golpeando con toda la furia su cabeza...
Lo último que me dijo mi papá antes de quedar inconciente fue "felices reyes, Juan. Te levantaste temprano"
Me asomé sigilosamente por la puerta. La casa estaba oscura, no era como los demás días en que recibia regalos, momento en que siempre hay comida y gente y peleas recurrentes de familiares ebrios. No, justamente a esta altura no había nadie. Ni un alma. Ni un maldito ruido delator, que dijera fehacientemente que un conocido (onda, no se... Mamá...) andaba dando vueltas por la casa, buscando un vaso de agua, prendiendo las luces para ir al baño, sacando sonámbulamente la basura en un horario poco usual, algo, alguien, quien fuera conocido y que, por ende, no me hiciera nada.
Los pasos se me hacían difíciles tratando de no hacer ningun ruido, ni con los pies ni con la boca, ni los pulmones ni ningun orificio de mi cuerpo debían delatar mi posición. Y eso, a los siete años era mucho pedir. Mi pecho parecía un reloj despertador, parecía que en cualquier momento saltaría para afuera algún extraño ser que se alojaba en mi torax. Es sensasional como a uno se le aguidizan los sentidos en un momento de stress tan especial como ese. Parecés en estado de alerta "como el gato", tenés ojos que todo lo ven, dedos que todo lo sienten. Cada pliege de la brocha de cal con la cual pintaron la pared que usas de guía para no chocarte nada se siente como un enorme surco de siembra. El más mínimo cambio en la presión de aire se percibe con los pelos de tu brazo, eventualmente saltás ante la terrible seguridad de que tenes a aguien a 30 centímetros, a alguien que te esta por chocar o agarrar, es lo mismo. Pero no, lás gónadas bajan a su lugar habitual porque no tenías a nadie al lado, era simplemente la puerta del baño que, esta vez y como nunca en la reputísima madre vida, estaba cerrada. Suspirás con demasiado alivio, recordas que la cosa venía fulera, que no tenías que hacer ruido ni siquiera respirando aliviado porque nadie se comió tu cerebro. Al mismo tiempo te dejás una notita en la mente: "dejá de ver películas de zombies"
Te parece que la mesa ratona del living no se movía como siempre. Claro, lo normal es que la veas de día, ahora, de noche y encima sin los lentes esos que te hacen ver ligeramente mejor, te parece que el pedazo de algarrobo se menea más de lo normal. Porque, claro, cuando usas lentes todo se mueve. De todas maneras te acercas, continuas a paso firme, casi tan firme como el miedo que te recorre de arriba a abajo la espalda. La firmeza efímera del hueco frío en tu estómago, el mismo que sentís cuando vas al dentista y escuchas el torno girar agudo y despues más grave, señal inequívoca de que chocó contra algo duro. Eso duro que tenés vos adentro de la boca y que va a correr la misma suerte frente al torno, frente a la mesa ratona, frente al Invasor. El Invasor, el que hace ruidos como de estar mascando algo, ese que se empeña en buscar cosas en el living, ese que te despertó con un sudor helado en la frente, en esta noche calurosa de verano que no ameritaba, precisamente, un sudor frío.
Los pliegues de cal de la pared terminaron. Ya no hay estrías de brocha ni tampoco hay pared. A unos metros de la chimenea todas mis esperanzas de que lo que sucedía eran fantasías producto de comer muchos caramelos se derrumbaron como mis calzones. No literalmente, claro. Mis calzones estaban bien sujetos, lo suficiente como para poder salir corriendo lo más pronto posible si el Invasor se percataba de mi presencia. Alcé la linterna como para poder romper el craneo de quien fuera ese que estaba vulnerando mi intimidad, hurgando entre mis cosas, matándome de miedo. Recordé mientras levantaba el pesado tubo metálico repleto hasta el borde de pilas D "tamaña estupidez hubiera sido encenderla ni bien salí de la habitación". Menos mal que la estupidez le muta a uno con los años. A los siete, encender esa linterna hubiera sido mortalmente idiota. A los cuarenta, una estupidez grande sería involucrarte con una persona 25 años menor... Pobre abuelo, ¿por qué lo meto en estas cosas?
Los nervios no daban abasto para contener los sobresaltos. Paso a paso, me acercaba a chocar de la manera más brutal posible la cabeza de este bestia, de este animal, del villano invasor que se me había metido en casa. Si mis papás no se daban cuenta de que había alguien en nuestro hogar, metido adentro, molestando, robando, esperando para hacernos Dios sabe que cosa, no importaba, para eso estaba yo, armado con una linterna a la cual le pondría el peso de mi alma para hacerla lo más efectiva posible.
Sorpresa y terror. Las dos cosas que jamás deberían juntarse se reunieron para partir en pedazos mi corazón. Había alguien más allí. No era unicamente el déspota agachado, buscando seguramente la caja fuerte de mi papá, ignorando que no estaba cerca de la puerta, sino dentro del ropero. Había alguien más, una persona de cabellos largos, una mujer que se encontraba al lado del Invasor. Nunca habría podido verla, la pared tapaba casi por completo su silueta, y la oscuridad no ayudaba en nada. Me vió. Tuve que apurarme, y en un grito descolocado, gutural y sin sentido me abalancé sobre el maldito, golpeando con toda la furia su cabeza...
Lo último que me dijo mi papá antes de quedar inconciente fue "felices reyes, Juan. Te levantaste temprano"
tags:
Relatos
viernes, diciembre 26, 2008
domingo, diciembre 21, 2008
Afeitada Gestáltica
Técnica de la pintura impresionista (fuente)
"El uso de pequeñas pinceladas de colores puros resultó en un todo vibrante; y, aunque las pinceladas aisladamente no obedecieran a la forma o al color local del modelo, en conjunto —al ser percibidas global y unitariamente— adquirían la unidad necesaria para percibir un todo definido."

Soy de la escuela impresionista a la hora de afeitarme.
Técnica de la pintura impresionista (fuente)
"El uso de pequeñas pinceladas de colores puros resultó en un todo vibrante; y, aunque las pinceladas aisladamente no obedecieran a la forma o al color local del modelo, en conjunto —al ser percibidas global y unitariamente— adquirían la unidad necesaria para percibir un todo definido."

Soy de la escuela impresionista a la hora de afeitarme.
tags:
En mi cabeza
jueves, diciembre 18, 2008
Cuelgue y edición (todo en un solo día)
Mensaje que escribí en borrador para inmortalizar el momento de cuelgue:

Mensaje que escribí en borrador para inmortalizar el momento de cuelgue:
"Son las tres de la mañana del martes y le estoy hablando a mis zapatillas. No quiero agregar nada mas."Llevaba 6 horas de sueño sobre 40 de actividad.
No importa, el Cool Edit me regala una sonrisa
tags:
En mi cabeza
martes, diciembre 09, 2008
Arbolito 'e Nadivá
Hasta un acontecimiento tan puro e inmaculado como armar el arbolito se vuelve superficial: hay que adornar más la parte que se ve.
Hasta un acontecimiento tan puro e inmaculado como armar el arbolito se vuelve superficial: hay que adornar más la parte que se ve.
tags:
Pensamientos
viernes, noviembre 14, 2008
tags:
En mi cabeza,
Pensamientos
viernes, noviembre 07, 2008
Exceso de comunicación V
Recién charlaba con mi señora madre y le mostraba una noticia sobre Paul McArtney.Entramos a investigar sentados en nuestros respectivos lugares, con un vaso de cerveza cada uno, mirando por internet.
Entonces dijimos: ¿cuando lo mataron a John?
1980
—El que lo mató es tocayo mío
—Jaja, ¿cómo se llamaba? (tomamos cerveza, no lo olviden)
—Mark Chapman, chapita del todo
—Un fanático
Entonces, la revelación: ¿qué mejor recuerdo de tu artista adorado sino haber sido quien lo asesinó?
Qué macabro lo mio...
tags:
En mi cabeza
lunes, noviembre 03, 2008
De golpe
(A los lentes de Gaby. Sean felices, donde sea que estén)
—che, la otra vuelta estaba dando vueltas por Internet y me fijé, te juro, no lo podía creer, lo que me cagué de risa con los chistes que subió Mario…
—posta, es increíble.
— ¿sabes que? Tu viejo debe tener mi edad…
—en una de esas más…
—vos no eras de esa época
—rrrroooooouuuuu iiiiiiiiiiihhhhhhh. (Crash)
(black out)
Ebrios ojos blancos se acercan a mí inevitablemente, mientras rugen y rechinan para intentar detenerse. Un caballo nunca lo hubiera podido hacer mejor. No andan tan rápido. Las antípodas del tiempo se hacen notorias, mientras mi cabeza repite el estallido que aparentó durar menos de lo que en realidad iba a durar. “Este nos colocó”, dije aplicando un tiempo incorrecto en una frase que nadie pudo escuchar. Porque no la dije. Y, en efecto, nos colocó.
“Te quedás ahí, hijo de puta” decía la rubia sacada. Carajo, pensar que el que giraba el volante ajeno manoteaba las mismas mancuernas que yo en el gimnasio. Manos imprudentes, garganta profunda y ardiente, licencia de conductor, cabeza de tarro. ¿Acá me lo tenía que cruzar? ¿Así? Esta ciudad es un pañuelo con calles angostas y cortas en las que no se ve un choto.
Gimnasio… Mmm ¿los griegos habrán tenido choques? ¿tendrían calzas abajo de las togas? ¿filosofarían acerca del posterior uso de las calzas, devenidas en chupines? No, no. Concentrate, tarado, les estás contando.
Los culos de botella del que la iba a pasar peor se habían marchado asustados por el golpe, echados en el ínterin sordo de mi mandíbula en contra de la cabeza de mi novia. Ya me estaba sobando y pensaba: “capaz que la pasaba mejor quedándome en casa haciendo la monografía”. Pero tenía un compromiso, tenía un deber, tenía hambre. Fuí a lo de Mario. Y no terminé de volver.
Me dijeron: “rebotamos contra el cordón, y terminamos como a tres metros” ¿De donde? Era la pregunta más sensata que se me ocurría. La cabeza de cerveza y vino frío se me evaporó, así, tipo, de golpe. El pedo se me había pasado de repente, tan de repente como cuando me llevaron hielo. Y era casi una paradoja, había bebido caliente toda la noche, y todo lo que tenía que hacer para conseguir un poco hielo era estar en un choque automovilístico.
“El seguro no los va a cubrir si eran seis. Y vos nena, revisate eso, mirá que después de 2 días recién se puede ver la concusión”. Pendejos de jardín parecían con sus uniformes de marineritos coloreados. Inservibles. Trabajadores de la provincia, parásitos estatales. Canas.
Se me confundían las dosis de saliva con las recomendaciones del de la ambulancia: "nada de aspirina" decía. Aja... ibuprofeno o paracetamol. Buscapina, Valium, Prozac, Termidor. Se me mezclaban todos. Y mientras pensaba: "si el blog no revive con esto, me subo a otro auto y me pego otra piña a ver que onda"
Ahora la imagen de esos ojos amenazantes que se me acercan me persigue todas las noches desde esa noche de fiebre (porque fue el sábado, por la noche). Me zumban, me gruñen, rechinan y me golpean. Hasta que me despierto (generalmente con sed) y caigo en la realidad. No nos morimos pero pudiéramos habernos muerto. Mierda, si me hubiera muerto no tendría que presentar la monografía.
Que lindo es vivir.
tags:
En mi cabeza
viernes, septiembre 26, 2008
Ecología
La empresa de un argentino radicado en españa vende cajones ecológicos hechos de cartón.
Son más baratos y además son eficientes en el uso de recursos para su producción.
Salen menos de $150, son resistentes al agua y a la humedad, y se bancan mas de 200 kilos.
Dice Mauricio Kalinov, dueño de RESTBOX (la empresa en cuestión) "Se necesita un árbol para construir un sólo ataúd y con ese mismo árbol podrían fabricarse 100 de cartón”
Vía: Infobae
Ya veo, la proxima movida de Greenpece va a ser un suicidio en masa
La empresa de un argentino radicado en españa vende cajones ecológicos hechos de cartón.
Son más baratos y además son eficientes en el uso de recursos para su producción.
Salen menos de $150, son resistentes al agua y a la humedad, y se bancan mas de 200 kilos.
Dice Mauricio Kalinov, dueño de RESTBOX (la empresa en cuestión) "Se necesita un árbol para construir un sólo ataúd y con ese mismo árbol podrían fabricarse 100 de cartón”
Vía: Infobae
Ya veo, la proxima movida de Greenpece va a ser un suicidio en masa
tags:
Realidad
jueves, septiembre 25, 2008
tags:
En mi cabeza
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


